Evaristo Carriego, abuelo del notable poeta de "Misas herejes", fue un periodista jugado por la causa de las provincias. En esta nota se recuerda su trayectoria y su opinión sobre el general Mitre.

Evaristo Carriego fue un célebre poeta palermitano (1), "el primer espectador de nuestros barrios pobres", al decir del Borges de la primera época.

Menos conocida, en cambio, es la trayectoria de su homónimo y abuelo, Evaristo Federico Carriego.
Abogado, político y, sobre todo, periodista, nacido en Paraná en 1828 y fallecido en Buenos Aires ochenta años más tarde, fue un férreo opositor a la política porteñista de Mitre y de Sarmiento, lo que le valió el ostracismo póstumo que les cabe a todos los que a lo largo de nuestra historia se han enfrentado con el poder oligárquico dominante.

Sin embargo, en su época, fue uno de nuestros publicistas más afamados. "¿Quién desconoce en la Argentina el nombre del Dr. Evaristo Carriego? -se preguntaba Floriano Zapata en 1895- ¿Quién no ha admirado su batallador estilo, su frase acerada, su pasmosa facilidad para contestar con vivacidad nerviosa a todos sus adversarios en un solo envite?".

Este "campeón de la causa de las provincias" y "nodriza intelectual del pueblo entrerriano", llegó a ser uno de los periodistas más populares del país, "como el vademécum de las masas, y un órgano de publicidad temible para los mandones irresponsables".

Entre estos "mandones irresponsables", de los que habla Zapata, se hallaba en primer término Bartolomé Mitre. De él dijo Carriego en 1880: "Don Bartolomé Mitre es uno de esos hombres para quienes no hay otro público que la posteridad, a la cual difieren el juicio de sus hechos. Y es así, con este silencio sistemado, que ha conseguido mantener su personalidad a cierta distancia como para que ésta tuviera la ilusión de la perspectiva. Lo que explica el fenómeno de una popularidad persistente, no obstante el ridículo.

Con la mitad de los reveses que D. Bartolomé Mitre ha sufrido, otro hombre cualquiera estaría ya condenado a un perpetuo olvido. Pero él ha saltado como la pelota de goma, mientras más fuerte ha sido el golpe que ha recibido. ¿Quién hubiera creído, que después de la rebelión de 1874, que empezó por una palabra quijotesca y terminó por una escena de sainete, había de estar otra vez en aptitud de amenazar la paz pública?".

Evaristo Carriego falleció el 1º de enero de 1908 y, como bien dice Eduardo Luis Duhalde: "un siglo después, casi ningún argentino sabe de su existencia, tras su efectiva lapidación histórica".

(1) En referencia al barrio de"Palermo" de la Ciudad de Buenos Aires en Argentina

Juan Carlos Jara